Alguna vez de veras del corazón me salió la frase "quiero una vida simple...vamos a irnos lejos, donde podamos vivir sencillamente".
Fue el conjunto de palabras más honesto y puro que recuerdo haber dicho jamás. No sé si mi receptor en aquel entonces lo tomó en serio o solo lo inhibió. Pero de eso ya ha pasado tiempo.
Ayer llegué a casa y estaba tan fastidiada que le puse play al álbum de lydia kavina que me grabaron. Fui al salón y me senté frente al televisor, lo encendí, bajé todo el volúmen y me dediqué a ver la pura imagen con subtítulos de una película que pasaban en tvc platino, sobre una rica mujer altruista que es secuestrada por un hombre sin un quinto, en bancarrota, bueno y con muy baja autoestima.
El esposo de la mujer altruista prefiere quedarse con su amante y se niega a pagar el rescate. Cuando la mujer altruista se entera de esto finge hacerse la fuerte, mientras que el buen hombre secuestardor con baja autoestima intenta animarla:
-Tienes derecho a estar triste
-¿Quien dice que estoy triste?...¡estoy feliz!, feliz como cuando los puercos se comieron a mi hermano...
Fue una frase tremendamente triste y tremendamente cómica al mismo tiempo, y en ese momento mejor que en otros me identifiqué con la mujer altruista...con sentirte menospreciada. Y sí, a veces es tan, tan triste que solo puede volverse cómico. Como cuando pasé semanas a la espera de un sólo día. Días arreglando mi cuarto; limpiando la casa, llevándo mis sábanas a la tintorería, cancelando mis compromisos, hasta compré una almohada suave!, y todo para que?, para que en el día esperado me dejaran por una francesa que ni siquiera, ni siquiera tenía nombre francés...
Y aunque de esto no ha pasado tanto tiempo, de alguna manera, al igual que esta película, me hizo volver a lo simple, a lo básico, a lo cómico.
miércoles, 22 de julio de 2009
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