Paseaba por la plaza ayer, con el amigo del amigo del compañero de un compañero del trabajo. Es así de largo. La plaza estaba como si fuera domingo, (y porque era domingo). Todavía quedaba un trío de parejas bailando los últimos pasos del danzón de las seis, pero ya eran las diez. Los abuelos ya no se van a la cama temprano.
Es extraño como pasa el tiempo de rápido y es increíble como van sucediendo las cosas. Nunca sé por donde empezar una historia pero sé cuando aún no se ha terminado.
Me sentí tan cerca esta mañana. Cerca de todo lo que dejé atrás hace un par de años; las montañas, la nieve, las casas junto a las vías, las navidades, los dulces, los hoteles, los vuelos, los pasillos, los paisajes, las ciudades nuevas, las viejas, las pequeñas, las hermosas, las grandes, las extrañas, la niebla, lo gris, la lluvia, el frío, los trenes, los circos, el clown. Me sentí más cerca de él después de este tiempo tan lejos. Y no se porqué. Ese clown.
Pensé en que existe, no importa cuanto tiempo haya pasado. Que esta ahí ahora mismo, en el mismo lugar en donde lo encontré. Que nada cambió en lo absoluto, que sigue intacto y que yo sigo creyendo en él.
lunes, 26 de octubre de 2009
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