Es algo parecido a lo que es El Rastro en Madrid, por ejemplo, pero de un poco más "caché" que le llaman. Aunque en realidad se reduce a que tienen más cosas de mayor atractivo visual.
Els Encants es un lugar bullicioso, donde se escuchan siempre los gritos de "a 1 euro" "a 5 euros todo" o cosas así.
Había visitado un par de veces el puesto de un vendedor, un hombre extranjero proveniente de alguna parte del este de europa. Su puesto estaba hacia el final de Els Encants y se especializaba en ropa y accesorios de época.

Ese día fui a visitarle, le conté que estaba buscando el vestuario para un personaje, un ejerciciode escuela. Bueno, el hombre extranjero me dijo que tenía justo lo que estaba buscando. Que a pocos metros de Els Encants tenía su almacén y que ciertamente ahí podía encontrar cualquier cosa que buscara.
1) La idea, como tal, me interesó bastante. Porque de verdad buscaba el vestuario de mi personaje.
2) Sí, me daba un poco de desconfianza pero, ¿porqué un extranjero quizás ilegal se arriesgaría a hacerme algún daño sabiendo que podría meterse en líos?
Realmente tenía más interés en encontrar el dichoso vestuario que cualquier otra cosa en ese momento.
Me dijo que le siguiera, caminamos unas cuadras y se acercó a un bar, de esos bares españoles que en realidad no son bares, son como cafeterias donde lo mismo puedes comer que beber, compartir un bocadillo con tus hijos o tomarte un cortado.
En fin, a mi esa parada me pareció bastante incómoda por una sola razón: se desviaba de mi superobjetivo: el vestuario. Pero esperé.
El hombre entró a este "bar" y saludó con bastante confianza al encargado. No me interesé mucho más por el asunto y esperé.
Cuando el hombre regresó traía dos vasos con café y dijo: te traje un café.
1) no me gustan estas atenciones inapropiadas
2) que me trajera el café sin que yo se lo pidiera me pareció sospechoso, sí.
Déjenme les digo que solía ser una persona muy poco cautelosa en el pasado. Y me obsesionaba bastante con mis metas. Le seguí con el café en mano y cruzamos la calle. Se detuvo frente a una cortina enrrollable metálica, sí de esas típicos de las bodegas, y tocó con la mano un par de veces.
Alguien desde el interior abrió la pequeña puerta de la cortina, sin subir ésta por completo.
Ok, ahora estaba yo con una taza de café caliente en la mano, frente a un lugar técnicamente cerrado y una pequeña puerta abierta, a través de la cual pasaría si me inclinaba un poco para poder caber en ella, ah! y un hombre extranjero con quien sólo había cruzado palabra un par de veces.
Entré.
Me sorprendió bastante ver que detrás de aquella puertita no había nadie, era como si la persona que la hubiera abierto hubiera corrido inmediatamente después al lugar en donde se encontraba justo antes de abrir la puerta.
Avancé. Tenía miedo. Aquel lugar era oscuro, no tenía ventanas, la parte en la que me encontraba era como un pasillo con algunas habitaciones donde no había nada. Polvo, cajas quizás, no recuerdo mucho. Pasamos por un cuarto aún más oscuro y el hombre extranjero saludó a alguien ahí dentro. Miré al interior y un hombre sereno estaba sentado en la cama. Dijo algo, pero no se le entendía muy bien. Tenía defectos físicos, no sé exactamente cuáles; chueco, tenía algo deformada la boca y creo que las manos. No tenía miedo de este hombre en particular, sí de las circunstancias dadas.
Caminamos por ese pasillo y llegamos a un rellano, ahí si entraba luz de un tragaluz, atravesando este rellano estaba el bodegón tal cual, cuatro paredes largas y altas. Ahí había kilos y kilos de ropa, de todo tipo, moderna y vieja, nueva y usada. Me agradó ver la ropa ahí, al menos algo de cordura y "according to the plan" estaba ahí, pero no dejaba de inquietarme el hecho de saber dónde me encontraba, que la única puerta de salida estaba cerrada y ya la había dejado atrás y aquel hombre chueco.
Se cerró la puerta y el hombre chueco salió, dijo. Estabamos solos. Shit! me dio miedo y de seguro se me notaba, pero traté de disimularlo hablando correctamente sobre mis asuntos, seguí mi camino y mis preguntas tal y como las hubiera seguido en Els Encants comprando alguna de sus prendas. Traté de seguir.
-No vas a beberte tu café?.
Pero en su pregunta había una ligerísima casi imperceptible risita burlona. Creo que leí... "tienes algo de miedo y no te quieres tomar tu café" y todo lo que esa frase conlleva.
-Está caliente. Le dije. Voy a esperar a que se enfríe. Mientras te voy a decir cómo tengo pensado el vestuario (algo parecido a esto dije).
Dejé el café a un lado y me puse a mirar la ropa mientras hablaba sin darle nunca la espalda, creo que eso fue mero instinto. Y luego, dijo:
-Escucha no voy a hacer alguna cosa rara. Mi esposa vive en esta ciudad, estoy con este negocio de la ropa. Me buscaba la mirada, interesado y curioso.
Sí, ¿ de dónde vino esa frase y todas esas ideas?, no me importaba. Me pareció bien oirle decir eso, pero estoy segura de que cualquier detalle errado mío hubiera sido suficiente para mandar esa frase a la alcantarilla.
Redireccioné el tema a mi vestuario. Ya había mirado suficiente y le dije.
-Tendría que pasar aqui todo un día para saber si está lo que busco. Así que mejor volvamos al puesto en Els Encants y vendré otro día con alguien para que me ayude.
Ahora es sólo una anécdota que de vez en cuando suelo contar.
Les dejo esta foto de una cortina enrrollable sacada de

internet en un intento por recopilar evidencia. Aunque a ésta le hace falta la pequeña puerta en medio.
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