Y es cierto que vayan a donde vayan, seríamos capaces de seguirlos a donde sea para acompañarles.
Sabe dios qué vayamos a sentir cuando algún día nos reunamos otra vez con nuestros amados amigos de cuatro patas que ya se han ido.
Una parte de mi murió cuando murió mi labrador, y sé que tengo que vivir así, con esa parte de mí que ya se ha ido, sabe dios qué tan lejos. Aunque desde aquí quisiera decirle a mi colega del alma, que soy feliz porque deseo que él allá donde se encuentre también sea feliz.
